Bienvenidos a Bremen, una ciudad pequeña con mucho que ofrecer

Puede que Bremen no sea el primer destino que se nos viene a la cabeza cuando planificamos una escapada urbana, pero ya sabes lo que dicen: las cosas de calidad vienen en envases pequeños… Después de pasar unos días allí, esto es lo que he descubierto sobre esta joya del norte de Alemania:

Es un destino ideal para una escapada exprés

Aunque sea una ciudad, en Bremen te sientes como si estuvieras en un pequeño pueblecito. A mí me encantan las grandes urbes como a la que más, pero las escapadas a los Londres y Romas de Europa, por increíbles que sean, pueden resultar un pelín agobiantes, sobre todo si no tienes tiempo suficiente para ver el repertorio interminable de monumentos y atracciones turísticas que ofrecen. Bremen es otra historia. O, mejor dicho, otro cuento de hadas…

Los lugareños la llaman “un pueblo con una línea de tranvía” y la verdad es que no se me ocurre una descripción más acertada. Tiene los comercios, monumentos e historia típicos de una ciudad, pero sigue conservando un carácter maravillosamente singular y pintoresco. Es pequeña, limpia, segura, preciosa y, lo mejor de todo, tranquila. Podrías ir a Bremen un viernes por la tarde después del trabajo y estar de vuelta el lunes por la mañana habiendo explorado cada rincón y sin la sensación de que necesitas otras vacaciones para recuperarte del viaje.

Si quieres descubrir una ciudad nueva, pero las megalópolis, los rascacielos, los trayectos interminables en metro y los maratones para ver todos los lugares de visita obligada te producen urticaria, Bremen puede ser la elección perfecta para tu próxima escapada.

La Plaza del Mercado es el lugar idóneo para empezar (y terminar) el día

En la Plaza del Mercado o Marktplatz, la principal de la ciudad, hay un sinfín de restaurantes y cafeterías. Se trata de una plaza muy animada rodeada de edificios espectaculares y considerada, con toda la razón del mundo, una de las más bonitas de Alemania. Es un punto de partida perfecto para empezar la jornada de turisteo; allí tienes el Rathaus y el Ratskeller, el Parlamento Estatal, la Catedral de San Pedro, la antigua casa gremial Schütting, la Estatua de Rolando y, por supuesto, el célebre monumento a los Músicos de Bremen del cuento de los hermanos Grimm (no te olvides de frotarlo mientras pides un deseo). A un paso de la plaza tienes la Böttcherstraße, el barrio Schnoor y las mejores calles para ir de compras, que te tendrán la mar de entretenido un día entero. Una vez explorado cada rincón, te recomiendo que vuelvas a la plaza para disfrutar de una copa bien merecida y contemplar los imponentes edificios con la iluminación nocturna.

 

Es una ciudad perfecta para recorrerla en bici

Las dimensiones de Bremen la convierten en una ciudad espléndida para ir de un lado a otro sobre dos ruedas. Aunque siempre tienes la opción de caminar o usar el transporte público, que es fiable, rápido y barato, la bici es el medio de locomoción que se lleva la palma entre los residentes. En las calles hay el doble de velocípedos que de coches, y más carriles bici que en la mayoría de ciudades alemanas. Si el tiempo acompaña, te recomiendo que vayas pedaleando a los monumentos y atracciones turísticas más alejados del centro, como el barrio de Überseestadt (a quince minutos en bici siguiendo la ribera del río) o las fábricas de cerveza de Beck’s y Union. Yo alquilé una bici en ADFC Radstation, justo al lado de la estación central de trenes, que me costó doce euros por un día completo (por cierto, acuérdate de llevar el carné o pasaporte para que hagan una fotocopia). 

El barrio de Schnoor tiene un encanto arrollador

Y eso que destacar en una ciudad tan mágica como Bremen no es nada fácil… Pasear por las calles de este barrio es como zambullirte de lleno en una peli de Disney, solo falta que aparezcan unos animalillos del bosque y empiecen a cantarte una canción. Te recomiendo que vayas tempranito, cuando las panaderías ya han abierto, pero la mayoría de comercios aún permanecen con la persiana echada, porque es una verdadera maravilla recorrer sus callejuelas empedradas semidesiertas. Eso sí, te aconsejo que vuelvas cuando haya empezado el bullicio y te empapes de su increíble ambiente: rebusca entre las baratijas, recuerdos, objetos decorativos y piezas de artesanía de las tiendas, visita alguna de las preciosas galerías y siéntate a disfrutar de un buen café y un trozo de tarta en una de las acogedoras cafeterías.

 

Es una ciudad que rezuma arte y cultura

Es un paraíso para los amantes de la cerveza

Es un paraíso para los amantes de la cerveza

Y no solo porque sea la cuna de la Beck’s, aunque eso ya de por sí es un hito del que estar orgullosos. Quizá los más sibaritas no tengan la mejor opinión de esta gran marca global, pero aun así merece la pena hacer un tour por su fábrica para descubrir todos los tipos de cerveza que elaboran (muchos de los cuales seguro que no se venden en los supermercados de tu ciudad). El tour cuesta 11,90 euros e incluye una degustación bastante generosa al acabar.

En Bremen hay otra fábrica de visita obligada para cualquier cervecero que se precie. La Union Brauerei, en la zona de Osterfeuerberg, se inauguró en diciembre de 2015. No se puede negar que abrir una fábrica de cerveza a la sombra de uno de los gigantes mundiales es de valientes y la apuesta, aunque arriesgada, les ha salido redonda. Además de elaborar deliciosas ale y lager, tienen un bar restaurante donde se pueden probar todas sus especialidades, además de riquísimos cócteles con cerveza para los aficionados a los sabores más exóticos. La comida también está de vicio, sobre todo la hamburguesa de pulled pork. Puedes entrar en la fábrica y el restaurante gratis, aunque también hay visitas guiadas por doce euros para los que quieran descubrir todos los entresijos de la empresa.

Además de estas dos fábricas de cerveza, en Bremen hay una lista interminable de locales geniales para tomar algo. En la Plaza del Mercado tienes muchas terrazas para sentarte a disfrutar de una cerveza bien fría y ver el ir y venir de la gente. Si prefieres algo menos turístico, te recomiendo el paseo Schlachte, junto al río, con sus preciosas terrazas. Es el lugar perfecto para tomar algo una tarde soleada y está lleno de alemanes, así que no tendrás la sensación de estar en una trampa para turistas (ni tendrás que pagar precios absurdos).

 

Los más cafeteros también están en la gloria

En mi viaje he descubierto dos sitios estupendos para tomar un café. Ambos están algo alejados del centro, pero se puede llegar en un abrir y cerrar de ojos en bici, y el esfuerzo compensa con creces. Lloyd Caffee está a veinte minutos del centro y no solo sirven un café y unas tartas excelentes, sino que además puedes hacer un tour por la planta tostadora y la antigua fábrica de café HAG, y descubrir un montón de cosas sobre la historia de la producción de café en la ciudad.

El segundo local que me ha conquistado ha sido YellowBird, un sitio relativamente nuevo en Neustadt, un bonito barrio a menos de diez minutos pedaleando de la Plaza del Mercado. Si eres tan cafetero como yo, no te lo pierdas.

 

Sus parques son un regalo del cielo

En Bremen hay muchísimos parques preciosos y, si tienes la suerte de que haga calorcito durante tu escapada, no hay nada comparable a tumbarse a la bartola en el césped mientras los rayos de sol te acarician la piel. Bürgerpark es probablemente el más conocido de todos, aunque a mí me ha enamorado el Wallanlagen Park, en Am Wall. Allí se encuentra el Mühle Am Wall, un precioso molino de viento reconvertido en una cafetería restaurante (otro sitio increíble donde tomarte una cerveza), y es un lugar idílico para relajarse y disfrutar del buen tiempo. Ese parque es mi favorito, pero no dudes en explorarlos todos hasta encontrar tu rinconcito ideal.

 

Vuelos a Bremen

 

- Dee Murray