Bolonia: la ciudad que te sorprenderá en todos los sentidos

Seguramente, tras las fiestas navideñas estés buscando un destino con una gastronomía no demasiado boyante, donde se coma ligero y no te sientas culpable si no pruebas ese plato típico. Sentimos decirte que ese destino no es Bolonia, pero… ¡la operación bikini puede esperar un mes más!

 

Y es que una escapada a Bolonia bien puede considerarse un viaje gastronómico en toda regla (prácticamente como todos los viajes a Italia).

 

La capital de la región de Emilia Romagna tiene un triple sobrenombre. Si hablamos de Roma como la ciudad eterna, de Florencia como la bella, a Bolonia podemos referirnos como la rossa, la dotta y la grassa. El primero viene dado por el color rojizo de sus edificios y palacios, muchos de ellos de origen medieval; el segundo por la presencia de la universidad más antigua de Europa y la tercera, la grassa, por su gastronomía opulenta: capital de la pasta fresca, territorio del ragú (erróneamente llamada salsa boloñesa), territorio del parmiggiano y cuna de la mortadela. ¿A quién se le ha abierto el hambre?

 

Además de las gastronómicas, te vamos a dar otras razones para visitar Bolonia cuanto antes. Busca tus vuelos baratos a Bolonia con Ryanair desde Santander, Alicante, Barcelona, Valencia, Sevilla, entre otras ciudades. 

Bolonia gastronómica

Viajar a Italia siempre es un placer para todos los sentidos, pero sobre todo para el estómago. Tanto si eres de salado como si prefieres dulce, estamos seguros de que, en Bolonia, encontrarás remedio para tus males.

 

Tan solo poner un pie en el centro histórico, tu nariz se empieza a activar. Alrededor de la Piazza Maggiore, el centro neurálgico de la ciudad, están las calles más gourmet de Bolonia, en el barrio del Quadrilatero. Aquí, y sobre todo en la calle Via Pescherie Vecchie, es donde encontramos los puestos de pescado fresco, el mercado de verduras y algunas de las salumerías con los escaparates más atractivos, que hacen las delicias de nuestras pupilas gustativas sin necesidad de probar siquiera el producto.

Visualmente es un gustazo ver todo el género, aunque pasear al mediodía puede ser un poco tortura, tanto por la gente que ha tenido la misma idea que tú como por la gente que está sentada en las mesas con abundantes platos en ellas, mientras tu estómago te hace señales de que es el momento de hacer una pausa en tu lista de qué ver en Bolonia.

Y si hay un imprescindible en Bolonia es comer un helado. Prácticamente sería pecado volver sin haber probado uno. Dicen que una vez que los pruebas, el resto ya no es lo mismo. Cremosos y con una variedad de sabores de lo más variopinto (como por ejemplo la mezcla de gorgonzola y pera), varias son las heladerías que rivalizan (con buenos motivos) por ser la mejor heladería de Bolonia. Creemos que para poder dictar sentencia es necesario poner a prueba a un par de las candidatas, por lo menos.

Bolonia desde las alturas

En pleno esplendor medieval de la ciudad, Bolonia llegó a tener más de 100 torres, lo que hacía de su skyline algo muy peculiar. Hoy en día quedan en pie 24 de ellas, una cifra nada desdeñable teniendo en cuenta el tamaño del centro histórico. 

Un bonito paseo hasta el mirador del Belvedere di San Michele in Bosco nos permite (además de bajar los excesos de comida), admirar dos de las peculiaridades de la ciudad: el color rojo de sus edificios (por eso la llaman la rossa) y la cantidad de torres (también llamada la turrida). ¿Cuántas eres capaz de contar en esta foto? En teoría, es un lugar muy bueno para ver el atardecer en Bolonia, pero durante el otoño es muy posible que encuentres niebla.

 

Otra forma de ver la ciudad desde lo alto es hacerlo desde alguna de las mencionadas torres. Las más famosas son las de la Basilica de San Petronio, a la que se accede en ascensor por 3 módicos euros, o la Torre Degli Asinelli, una de las dos torres gemelas de Bolonia, reconocibles y prácticamente visibles desde cualquier lugar de la ciudad.

Ésta última es todo un reto para valientes que todavía no han hecho la ruta gastronómica por Bolonia, pues hay que subir a pie los 498 escalones, tras haber pagado 5€. ¿Quién dice que estando de viaje no se puede ir al gimnasio?

Bolonia de noche

Sin ser una ciudad que gana cuando cae la noche, como podría ser Londres, vale la pena salir una noche del fin de semana por Bolonia. La ciudad universitaria por excelencia se llena (aún más) de vida, de gente que charla distendidamente en las terrazas entorno a un aperitivo que se convierte en apericena (es el equivalente a las tapas de Granada, con una bebida hay muchos locales que ofrecen un pequeño buffet o un plato) y de edificios históricos que se iluminan y esconden mil secretos. Y hablando de leyendas, no seremos nosotros quienes te desvelemos la que se esconde tras la estatua de Neptuno…

La Piazza Maggiore se convierte en un animado punto de encuentro, no solo de estudiantes con poco presupuesto, sino también en un lugar de conciertos improvisados, de risas y de buen ambiente, rodeado de imponentes edificios medievales.

Bolonia bajo los pórticos

Además de por su gastronomía y torres, la ciudad de Bolonia es conocida por sus pórticos. De hecho, cuenta con los pórticos más largos del mundo, cubriendo una superficie de más de 40km. 

Nacieron en la edad Media, para afrontar el crecimiento de población causado por la llegada de estudiantes y eruditos a la Universidad de Bolonia, y hoy en día son otro símbolo de la ciudad, junto con las torres. Algunos son más austeros y otros más decorados, una muestra de las diferentes clases sociales.

 

Así que, si llueve durante tu visita a Bolonia, haz como los ciudadanos de esta ciudad, que están acostumbrados a salir sin paraguas de casa pues saben que pueden llegar prácticamente a cualquier rincón de la ciudad sin mojarse.

Por supuesto, no nos olvidamos del legado cultural de Bolonia, que daría para muchos artículos en sí mismo. Por eso, te invitamos a buscar tus vuelos a Bolonia y descubrirlo in situ.

 

Viajar lo cura todo