Seis formas de descubrir lo mejor de Sofía

Sofía es una de las incorporaciones más recientes a las rutas de Ryanair y la verdad es que es una auténtica joya.

 

No solo es una ciudad muy asequible, sino que además ofrece todo lo que cabría esperar de un destino urbano. Aquí tienes seis consejos infalibles para sacar el máximo partido a tus vacaciones en la capital búlgara.

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Una ciudad dentro de la ciudad: lo antiguo convive con lo moderno en Sofía.

Si te interesa el pasado de la ciudad, no hay mejor sitio para comenzar el viaje que las frías y oscuras catacumbas de la necrópolis que se encuentra bajo la Iglesia de Santa Sofía.

 

El museo subterráneo de la iglesia cuenta la historia de los antiguos habitantes de Serdica (nombre con el que antaño se conocía a la capital búlgara) en el siglo IV de nuestra era.

 

Con la ayuda de mapas y carteles informativos, los guías del museo te describirán una ciudad romana muy sofisticada que contaba con todo lo necesario para cautivar hasta al mismísimo Constantino el Grande.

 

De hecho, el emperador romano estaba tan entusiasmado con Serdica que la llamaba “su Roma”. Hoy en día, aún quedan atisbos de la grandeza de esta antigua ciudad en la necrópolis de Santa Sofía, sobre todo en el mosaico “Edén” que cubre el suelo.

 

Entrada: 6 lev para adultos (unos 3 euros) y 2 lev (1 euro aproximadamente) para estudiantes y jubilados.

Disfruta al aire libre

Los Jardines de la Ciudad de Sofía.

Gracias a su clima continental suave, Sofía es una ciudad que invita a pasar tiempo al aire libre. Además, cuenta con numerosos parques y jardines donde poder relajarse y disfrutar de la naturaleza.

 

Los Jardines de la Ciudad son uno de los espacios verdes más céntricos, y se encuentran justo enfrente del impresionante edificio del Teatro Nacional. Además, la fuente con la estatua de la bailarina y los músicos y jugadores de ajedrez que se concentran en el parque añaden encanto a este lugar.

 

Si viajas con niños, el Parque Zaimov ofrece diversión para toda la familia con sus mesas de ping-pong al aire libre, cafeterías, instalaciones artísticas y hasta una “casa de cuento de hadas” con forma de champiñón.

Cómete tu propio peso en quesos

La ensalada shopska.

Con solo echar un vistazo rápido a la carta de cualquier restaurante, te darás cuenta de que Bulgaria es un paraíso para los amantes del queso.

 

El sirene, un tipo de queso blanco, es uno de los más apreciados, sobre todo en platos como la shopska salata, una ensalada que se prepara con tomate, pepino, pimiento, cebolla y un cargamento de queso estilo feta.

 

Tradicionalmente, la ensalada se acompaña de un yogur o un vaso de rakia, un aguardiente búlgaro que se suele servir con un vaso con hielo. Como plato principal, son habituales las carnes a la brasa (pollo, cerdo o ternera, sobre todo).

 

Si quieres comer o cenar mientras disfrutas de unas estupendas vistas de las montañas, elige uno de los elegantes restaurantes de la avenida peatonal Vitosha, donde podrás llenarte la panza sin vaciarte el bolsillo (en Sofía el precio de la comida sigue estando muy por debajo de la media europea).

Escápate a las montañas

La Montaña Vitosha y la Iglesia de Boyana.

La Montaña Vitosha, situada a tiro de piedra del centro de la ciudad, atrae a multitud de esquiadores durante el invierno y a senderistas y ciclistas en primavera, verano y otoño.

 

La montaña es célebre por sus espectaculares puestas de sol. Si quieres vivir la experiencia a lo grande, busca un mirador a última hora de la tarde, lleva un paquete de pipas de girasol (los búlgaros las devoran) y disfruta viendo cómo el sol se oculta lentamente en el horizonte.

 

Si lo prefieres, date un paseo hasta la cercana Iglesia de Boyana, un diminuto templo ortodoxo del siglo X que ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad.

 

En el interior podrás admirar unos frescos preciosos, aunque las visitas están limitadas a quince minutos por grupo a fin de preservarlos. Por cierto, tener la oportunidad de contemplar cómo los rayos de sol iluminan estas obras de arte prerrenacentistas compensa con creces la espera.

Enamórate de su arte urbano

El abuelo Dobri.

La Galería Nacional no es ni mucho menos el único sitio donde se pueden admirar increíbles obras de arte. De hecho, en los últimos tiempos los bloques de apartamentos grises de la época soviética se han transformado en enormes lienzos en los que artistas callejeros de gran talento plasman su creatividad.

 

Estate atento para no perderte las coloristas representaciones de héroes locales como Dobri Dobrev, conocido como “el santo de Baylovo”, que ha sido inmortalizado por el artista NASIMO espray en mano.

 

Este mendigo, que llegó a ser centenario, era un personaje muy conocido en las calles de Sofía, donde a lo largo de los años reunió el equivalente a decenas de miles de euros (y todo, hasta el último céntimo, se lo donó a la Iglesia Ortodoxa Búlgara).

 

El abuelo Dobri, como también le llamaban cariñosamente, se convirtió en el mayor benefactor privado de la Catedral de Aleksander Nevski y era considerado un verdadero santo por los búlgaros debido a su enorme de generosidad y a su apariencia supraterrenal, con su larga barba blanca.

Descubre sus templos

La Catedral de Aleksander Nevski.

En Sofía se pueden encontrar algunos de los lugares de culto ortodoxo más bellos de Europa, con sus cúpulas doradas y su interior iluminado por la luz de numerosos candelabros.

 

Hay dos templos en concreto que destacan sobre los demás: la Catedral de Aleksander Nevski y la Iglesia Rusa, también conocida como Iglesia de San Nicolás el Milagroso.

 

La catedral, construida como muestra de agradecimiento al comandante ruso y príncipe Aleksander Nevski, que liberó a Bulgaria del dominio otomano, se terminó en 1913 y tiene el honor de ser la catedral ortodoxa más grande del país.

La Iglesia de San Nicolás el Milagroso.

No muy lejos de la catedral se yergue la Iglesia de San Nicolás el Milagroso, la iglesia oficial de la embajada rusa, con sus cinco cúpulas doradas.

 

Bajo la puerta principal, hay una cripta con los restos mortales del Santo Arzobispo Seraphim, a quien los lugareños siguen visitando, dejando notas y dedicando oraciones.

El Monasterio de Rila.

A una hora y media de la ciudad se encuentra el Monasterio de Rila, uno de los lugares sagrados más populares de Bulgaria.

 

El monasterio, que se alza en las boscosas laderas de la montaña más elevada del país, fue fundado por San Iván de Rila en el siglo X.

 

Su Iglesia de la Natividad de la Virgen, con sus arcos monocromos y sus coloridos murales que representan escenas bíblicas, es una verdadera mina para los aficionados a la fotografía.

 

Vuelos a Sofía

 

- Fiona Hilliard